1001 películas que hay que ver antes de morir

‘Katyn’ denuncia la matanza de militares polacos por el régimen estalinista

8 abril 2010 · No hay comentarios

Poco se habla del cine polaco y eso a pesar de su importante papel de denunciante de los abusos sufridos por el país centroeuropeo. Recientemente Rusia emitió por televisión la película Katyn, del conocido cineasta Andrzej Wajda, un gesto muy significativo de acercamiento a su país vecino, cuyas relaciones se enfriaron hace muchos años. El film aborda el exterminio de la élite militar polaca por el régimen estalinista en el bosque cuyo nombre da título a la película, situado en territorio ruso de la URSS. Wajda se dio por satisfecho con este gesto de la televisión rusa, ya que su padre fue fusilado por el NKVD (entidad precursora del KGB) en 1939-1940, en los momentos posteriores al reparto de Polonia entre la Alemania dominada por los nazis y la Unión Soviética. Moscú echó las culpas a la Gestapo, pero en 1990 Mijaíl Gorbachov logró abrir la causa criminal, cuyas investigaciones, cerradas en 2004, confirmaban la autoría de las autoridades estalinistas. Ello ha contribuido a enfriar las relaciones entre ambos países.

Aunque coincido con las críticas del experto en Europa del Este Francisco Veiga, que apunta que el carácter de Katyn “de film patriótico y propagandístico aplasta la psicología de los personajes, casi todos muy rígidos o esquemáticos”, también es cierto que era necesario filmar una película que abordara abiertamente la autoría del régimen estalinista en aquellas matanzas. Por otro lado, como explica Veiga, “es una obra puesta al servicio del moderno nacionalismo polaco, pensada para ser estrenada precisamente en 2009, aniversario de 1939, especialmente enfocado desde Varsovia como una celebración anti rusa, más que anti alemana”. Efectivamente, Wajda explota cierto oportunismo en ese aspecto y cinematográficamente sufre numerosas carencias, no sólo respecto a la composición de los personajes, sino también a la estructura dramática, muy aburrida. Sin embargo, debe elogiarse la fantástica ambientación y, sobre todo, la intencionalidad de recordatorio de la tragedia.

Quizá sus anteriores films sean más dignos de mención cinematográficamente hablando, como los que recomiendan los expertos en el libro 1001 películas que hay que ver antes de morir: Cenizas y diamantes (1958), El hombre de mármol (1977) o El hombre de hierro (1981).

Cenizas y diamantes se estrenó en los últimos años del neorrealismo italiano y el inicio de la nouvelle vague francesa, cuando en Polonia se hacía cine socialista, con relatos de solidaridad, sacrificio y compromiso en tiempos de guerra. El profesor adjunto de la Universidad de Columbia Richard Peña explica que la “danza de la muerte final (de su protagonista) con la sonrisa helada mientras camina herido de muerte es, seguramente, uno de los más poderosos y muy citados, finales de la historia del cine”.

Por su parte, El hombre de mármol es “una de las mejores películas que jamás se hayan hecho en Polonia y también un importante testimonio del poder del cine”. El film cuenta la historia de una ambiciosa estudiante de cinematografía, Agnieszka (Krystyna Janda), cuya película de licenciatura está dedicada a un olvidado obrero-héroe del Estado durante el decenio de 1950, el albañil Birkut (Jerzy Radziwilowicz). Tras realizar preguntas comprometedoras a las autoridades comunistas, Birkut es eliminado. Precisamente ésta es la conclusión que sugiere el final de la película, audaz denuncia de la tendencia del Estado comunista a “devorar a sus queridos hijos”. El hombre de hierro es la continuación de El hombre de mármol y la confirmación de la “preocupación de Wajda por no perder nunca la oportunidad de explicar los acontecimientos importantes de la historia de Polonia”.

         Este miércoles Vladimir Putin ha tomado la iniciativa de visitar el monumento dedicado a las víctimas de Katyn, junto con el jefe de Gobierno polaco, Donald Tusk. Sin duda se trata de un acercamiento entre las potencias vecinas que no habría sido posible sin las creaciones comprometidas de cineastas como Andrzej Wajda, a quien debe rendírsele homenaje no sólo por sus aportaciones al cine, sino también por su importante labor de crítica de los causantes de horrores en la Historia.

Andrzej Wajda: ‘Katyn’

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El maestro Kurosawa, ahora y siempre

26 marzo 2010 · No hay comentarios

Esta semana se ha cumplido el centenario del nacimiento de uno de los cineastas más importantes de Japón y de los más influyentes en la historia del cine: Akira Kurosawa. Y, ya que no se han celebrado todos los eventos esperados debido a una supuesta malversación de fondos por parte de los gestores de la Fundación Akira Kurosawa, que se encargaban de la organización de las conmemoraciones, hoy quiero rendir homenaje a uno de los mejores cineastas de todos los tiempos. Repasemos seis de los films del director japonés destacados en el libro 1001 películas que hay que ver antes de morir.

Se puede decir que en 1950, con el estreno de Rashomon, se inicia la impecable trayectoria cinematográfica del cineasta japonés. Por esta película, que versa sobre un matrimonio y un bandido que cruzaron sus destinos de un modo fatal en el camino de un bosque, Kurosawa obtuvo el Oscar honorífico y el León de Oro en el Festival de Venecia. A pesar de su prolija producción de filmes relacionados con los samurais y su innovadora explotación del imaginario violento, Kurosawa era un gran humanista cinematográfico, y “en ninguna otra película resulta tan evidente como en Vivir (1952)”. El film se centra en la figura de Kenji Watanabe (Takashi Shimura), cuya vida es aburrida e insatisfactoria. Todo cambia cuando descubre que tiene cáncer y que le queda poco tiempo de vida. Al reconsiderar sus logros (ninguno) y sus prioridades (ninguna), decide que no es demasiado tarde para hacer del mundo un lugar mejor, y dedica todas sus energías a la construcción de un parque público.

Los siete samurais (1954) narra la historia de los habitantes de un pueblo que viven a merced de los bandidos que regresan todos los años para robar, violar y matar a los campesinos. Se deciden a contratar a un grupo de samurais a quienes tan sólo pueden pagar con algo de arroz y, a pesar de que el trato no resulta muy atractivo, encuentran a un hombre honorable y compasivo dispuesto a reclutar a otros samurais para combatir a los bandidos. “La película no pierde nunca la tensión, es ágil y económica, pues carece de exposiciones innecesarias”.

Trono de sangre (1957), considerada por Harold Bloom como la mejor adaptación cinematográfica de Macbeth, transcurre en el Japón feudal. En ella, un valiente guerrero samurai, el general Washizu (Toshiro Mifune) y su diabólica esposa, lady Asaji (Isuzu Yamada), impulsados por una ambición despiadada e inspirados por la profecía de una bruja, asesinan a su señor, le arrebatan su reino y se condenan irremediablemente a un ritual de derramamiento de sangre, paranoia, locura y ruina.

En 1974, momento en el que su reputación se hallaba por los suelos en su país natal, el genial director estrenó Dersu Uzala, una película cuyo éxito internacional le devolvió el reconocimiento. El film se sitúa a principios del siglo XX en Siberia, un territorio que proporcionó al cineasta unos bellos paisajes que retratar. “Esta vasta película […] demostraba que Kurosawa era un genuino maestro y no solo un habilidoso artesano de divertimentos de acción samurai”.

         Con setenta y cinco años rodó Ran (1985), considerado uno de los diez films que lideran la lista del libro 1001 películas que hay que ver antes de morir. El motivo principal, que “nadie ha superado la maestría de Kurosawa en la técnica cinematográfica, y las batallas de Ran no tienen parangón. Son como un ballet cinematográfico, violentas y sangrientas, pero bellísimas”. Se trata de una adaptación de El rey Lear, de Shakespeare, combinada con una antigua leyenda japonesa. “Ran despliega la sabiduría de toda una vida en solo dos horas y cuarenta minutos, durante las cuales el tiempo queda suspendido. Como declara uno de los personajes: El hombre nace llorando; cuando muere, muere”. 

Akira Kurosawa: Ran

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¿Quién es el loco?

12 marzo 2010 · No hay comentarios

Las dos horas y pico que dura la nueva película de Martin Scorsese, Shutter Island (2010), se pasan volando. Narrada de forma soberbia, el film cuenta con una trama absolutamente perturbadora y un reparto excelente. Los agentes judiciales Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y Chuck Aule (Mark Ruffalo) son destinados en 1954 a una remota isla del puerto de Boston para investigar la desaparición de una peligrosa asesina (Emily Mortimer), recluida en el hospital psiquiátrico Ashecliffe, un centro penitenciario para criminales perturbados dirigido por el siniestro doctor John Cawley (Ben Kingsley). Enseguida descubrirán que el centro psiquiátrico esconde muchos secretos y peligros acechantes, de los que resultará francamente difícil huir.

         Basada en la novela homónima de Dennis Lehane, conocido por Mystic River, la película cuenta con una estética propia del cine negro de los años cuarenta, al jugar con una iluminación de contrastes y por el uso de numerosos planos contrapicados. También está presente de alguna manera Hitchcock, como por ejemplo cuando Teddy Daniels trata de subir por el escarpado acantilado, en un plano que recuerda inevitablemente a Con la muerte en los talones.

         La pasión de Scorsese por ahondar en los recovecos de la mente se ha hecho evidente en toda su filmografía, protagonizada en gran medida por personajes paranoicos, psicópatas y esquizofrénicos. En este film ha trasladado estupendamente esta pasión, creando una compleja trama que incluye una sorpresa al final que deja confuso al espectador. Y ello a pesar de que en realidad toda la historia está muy bien ligada.

         Pero no sólo es Scorsese quien contribuye a crear tal ambigüedad en la historia, también Leonardo DiCaprio, con su excelente interpretación, mantiene en vilo al espectador durante toda la película. Probablemente el director decidió contar con él tras el éxito de audiencia y crítica del film Infiltrados (The Departed, 2006), que obtuvo el Oscar a la mejor película y al mejor director. Recomendado por los críticos de 1001 películas que hay que ver antes de morir, el film narra la historia de dos topos, uno de la mafia y otro de la Policía del Estado de Boston, “infiltrados” en el bando enemigo para realizar acciones de espionaje e informar a sus superiores. Estos papeles los interpretan Leonardo DiCaprio (Billy Costigan), introducido en la mafia para la policía, y Matt Damon (Colin Sullivan), inserto en la policía para su superior de la mafia Frank Costello. En su afán de perfeccionismo, Scorsese no olvida ningún detalle, y acaba con una fuerza imponente, en una imagen que enmarca una rata que deambula frente al Massachusetts State House, presente a lo largo del film, cuya sutil intención crítica se relega a los conocedores de la influencia política en la policía norteamericana.

Tráiler de ‘Shutter Island’

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Ojalá fuera la gala de Tarantino, de Eastwood, de Bigelow

26 febrero 2010 · No hay comentarios

En el último post hicimos un repaso de la gala más medi­­ática del cine de nuestro país, los premios Goya, un evento al que Penélope Cruz, la más internacional de las actrices españolas, asistió a pesar de su apretada agenda. Y digo apretada porque la intérprete de Alcobendas tiene el próximo 7 de marzo una cita con el glamour en la esperada gala de los Oscar. Nominada como mejor actriz de reparto por la película Nine (un musical dirigido por Rob Marshall que se estrenó en Estados Unidos el pasado diciembre), Penélope Cruz espera recibir el reconocimiento que, al parecer, no le brindó la Academia española.

         Sin embargo, y a pesar del precedente de los Globos de Oro, ese premio debería llevárselo Mo’nique, por su papel de Mary Jones, la madre perversa de Precious, en la excelente película del mismo nombre.

         Pero, independientemente de la presencia española en la gala (tampoco debe olvidarse la nominación de Javier Recio Gracia al mejor corto de animación por La dama y la muerte, que se llevó el Goya), muchos aspectos merecen mencionarse. Avatar, En tierra hostil, Up in the air, Malditos bastardos, Precious, Up y District 9 monopolizan las nominaciones más importantes. No cabe duda de que Avatar se llevará gran parte de los premios y, sin embargo, hay muchos otros films que, en mi opinión, merecen un mayor reconocimiento.

Sin querer pecar de tarantiniana, Malditos bastardos es una película redonda: sus intérpretes son excelentes, su estética impecable, así como la manera en la que el cineasta de Tennessee reescribe la Historia. Precious es, ante todo, emocional, gracias a los papeles bordados de sus actrices, pero también cuenta con buenas dosis de humor. En tierra hostil es una original forma de ver el cine bélico, donde Kathryn Bigelow aplica unas técnicas documentales muy depuradas. Por supuesto, Up sigue la estela de las precedentes películas de Pixar y el resultado es una mezcla de personajes enternecedores, una historia muy bien ligada y años de trabajo detallista y preciosista en los estudios de animación.

Todos estos son films que vale la pena ver, junto con La cinta blanca (nominada a la mejor película extranjera y ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes) de un Michael Haneke que los lectores recordarán por su angustiosa Funny Games. El libro 1001 películas que hay que ver antes de morir apunta: “Michael Haneke lleva a los espectadores al límite obligándonos a presenciar el sinsentido de la violencia gratuita y nuestra fascinación inagotable por contemplarla en la pantalla”.

Ya realicé mi quiniela con la gala de los Goya y haré lo mismo con los Oscar, aunque siempre se produzcan sorpresas de última hora:

Director: James Cameron (Avatar); aunque preferiría Quentin Tarantino (Malditos bastardos)

Actor protagonista: Jeff Bridges (Corazón Rebelde); aunque me gustaría que lo ganara Morgan Freeman (Invictus)

Actriz protagonista: Sandra Bullock (The Blind Side); preferiría Gabourey Sidibe (Precious)

Actor de reparto: Christoph Waltz (Malditos bastardos)

Actriz de reparto: Mo'Nique (Precious)

Película extranjera: La cinta blanca

Guión original: En tierra hostil (Mark Boal); me gustaría que lo ganara Malditos bastardos (Quentin Tarantino)

Guión adaptado: Up in the Air (Jason Reitman y Sheldon Turner)

Película de animación: Up (Peter Docter)

Fotografía: Avatar (Mauro Fiore). En tierra hostil (Barry Ackroyd), Malditos bastardos (Robert Richardson) y La cinta blanca (Christian Berger) también cuentan con una fotografía excelente.

Música original: Up (Michael Giacchino)

Canción original: Nine (Take It All), Maury Yeston

Cortometraje: Miracle Fish (Luke Doolan y Drew Bailey)

Corto de animación: La dama y la muerte (Javier Recio Gracia). Debe apostarse por el cine español

Documental: Burma VJ (Anders Ostergaard y Lise Lense-Moller)

Dirección artística: Avatar (Rick Carter, Robert Stromberg y Kim Sinclair)

Efectos visuales: Avatar (Joe Letteri, Stephen Rosenbaum, Richard Baneham y Andrew R. Jones)

Vestuario: La reina Victoria (Sandy Powell)

Maquillaje: Star Trek (Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow)

Mezcla de sonido: Avatar (Christopher Boyes, Gary Summers, Andy Nelson y Tony Johnson); aunque preferiría En tierra hostil (Paul N.J. Ottosson y Ray Beckett)

Montaje de sonido: Avatar (Christopher Boyes y Gwendolyn Yates Whittle)

Montaje: Avatar (Stephen Rivkin, John Refoua y James Cameron); aunque preferiría Malditos bastardos (Sally Menke)

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‘Celda 211’, la gran favorita de los Goya

12 febrero 2010 · 2 comentarios

Este domingo se celebra la esperada gala de los Goya. Celda 211, con 16 candidaturas, se alza como la favorita, aunque seguida muy de cerca por Ágora, que cuenta con 13 nominaciones. El secreto de sus ojos y El baile de la Victoria, ambas con la presencia de Ricardo Darín, han recibido nueve candidaturas. Ocho tiene Gordos, la comedia de Daniel Sánchez Arévalo, de las cuales seis van dirigidas a sus intérpretes.

         Desde que nacieron los Goya, en 1987, Mar adentro, con 14 premios otorgados en 2004, es la película que más galardones se ha llevado. Es una meta francamente difícil para Celda 211, que compite con el Ágora de Alejandro Amenábar. De hecho, el cineasta de origen chileno bate todos los récords en estos premios nacionales. Es el único director que se ha hecho con ocho Goya y películas suyas como Los otros y Tesis se han alzado con ocho y siete premios respectivamente.

Alberto Iglesias también suma bastantes papeletas para llevarse el Goya a la mejor música original. Tiene siete premios en su haber, todos concedidos en esa categoría. En relación a los actores, no parece haber dudas respecto a la interpretación masculina protagonista, ya que Luis Tosar parte como el favorito, aunque puede haber sorpresas. Por su parte, Penélope Cruz, que se ha llevado tres Goya de cinco nominaciones en los últimos años, es una buena candidata en esta edición por Los abrazos rotos. Le concedieron el último premio por Volver, un film especialmente elogiado en el libro 1001 películas que hay que ver antes de morir. Y, sin embargo, a mi me gustaría que se llevara el galardón Maribel Verdú, excelente en su papel protagonista en Tetro, una película preciosa de Francis Ford Coppola. Sin embargo, los números no juegan a su favor: Verdú ha sido candidata en seis ocasiones y sólo se ha llevado un Goya. Y eso sin nombrar a su otra gran competidora, Rachel Weisz, que lo hizo francamente bien en la película de Amenábar.

Aprovecho para lanzar mi quiniela, aunque probablemente este domingo habrá más de una sorpresa:

 

Película: Celda 211

Dirección: Daniel Monzón (Celda 211)

Dirección novel: Mar Coll (Tres días con la familia)

Guión original: Mateo Gil y Alejandro Amenábar (Ágora)

Guión adaptado: Daniel Monzón y Jorge Guerricaecheverria (Celda 211)

Música original: Alberto Iglesias (Los abrazos rotos)

Canción original: Yo también (Yo, también)

Interpretación masculina protagonista: Luis Tosar (Celda 211)

Interpretación femenina protagonista: Maribel Verdú (Tetro)

Interpretación masculina de reparto: Ricardo Darín (El baile de la Victoria)

Interpretación femenina de reparto: Marta Etura (Celda 211)

Actriz revelación: Soledad Villamil (El secreto de sus ojos)

Actor revelación: Alberto Ammann (Celda 211)/Pablo Pineda (Yo, también)

Película de animación: Planet 51

Dirección de producción: Alicia Tellería (Celda 211)

Fotografía: Xavi Giménez (Ágora)

Montaje: Mapa Pastor (Celda 211)

Dirección artística: Guy Hendrix Dyas (Ágora)

Diseño de vestuario: Gabriella Pescucci (Ágora)

Maquillaje y / o Peluquería: Ana Lozano y Massimo Gattabrusi (Los abrazos rotos)

Sonido: Sergio Burmann, Jaime Fernández y Carlos Faruolo (Celda 211)

Efectos especiales: Chris Reynolds y Félix Bergès (Ágora)

Película hispanoamericana: El secreto de sus ojos

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La obsesión

28 enero 2010 · No hay comentarios

Regresamos de nuevo a los años cuarenta, la década del Star System, al primer Hollywood de oro, a las mejores películas del cine negro. En el último post hablamos de las vampiresas, presentes en la mayoría de las películas que podrían encajarse en este ambiguo género. Sin embargo, faltaba mencionar uno de los films mejor realizados de la época, una producción a la que cualquier amante del celuloide debe recurrir en busca de respuestas: Laura (1944), de Otto Preminger. Ésta es, quizás, la película más redonda del director de origen austríaco, conocido también por films como Anatomía de un asesinato (1959) o Éxodo (1960).

         Laura es una historia de obsesión, de fascinación, de atracción por un personaje que no aparece hasta transcurrida buena parte de la película. Los críticos del libro 1001 películas que hay que ver antes de morir explican el argumento del film: “Los hombres la adoran. Las mujeres la admiran. Sin embargo, la seductora y joven diseñadora Laura Hunt (Gene Tierney) no es el centro de la película, ni tampoco su fría amiga de la alta sociedad Ann (Judith Anderson), ni su artero pretendiente Shelby (Vincent Price), ni el duro policía Mark McPherson (Dana Andrews), que, al buscar al asesino de la muchacha, se enamora del fantasma de ésta. Pero el malévolo y meloso escritor y radiofonista Waldo Lydecker (Clifton Webb) ejerce una fascinación absoluta, adopta a Laura como protegida, la hace famosa y luego se obsesiona con su vida como una araña que la tuviera en su tela”.

Y, aunque Laura “intriga en su discordante mezcla de estilos”, es calificada como una película de cine negro, a mi juicio, atípica. El juego de luces y sombras es brillante (de ahí que la fotografía, diseñada por Joseph LaShelle, se llevara el Oscar) y encaja a la perfección dentro del género, siguiendo el estilo precedente elaborado por Arthur Edeson en Casablanca (1942, Michael Curtiz) y en El halcón maltés (1941, John Huston). Sin embargo, la siempre fascinante actriz Gene Tierney (que sufrió muchos altibajos emocionales en su vida personal, fruto del nacimiento de una hija que padecía retraso intelectual y de las aventuras amorosas de su primer marido, el diseñador Oleg Cassini) no interpreta a una femme fatale, sino más bien todo lo contrario. Laura es una mujer digna de ser admirada, es luchadora, bondadosa, bella y su sola presencia genera cierta tensión sexual entre quienes la rodean. Laura siempre está presente, aunque no esté, desde el principio de la película. Su retrato aparece ya en la primera escena y Preminger recurre a él en numerosos planos, en especial en aquellos en los que aparece el policía McPherson, encargado de investigar el supuesto crimen. Tal es el embrujo que ejerce Laura en los hombres que la rodean que el detective no puede más que enamorarse de su figura, aún pensando en un principio que está muerta. Ahí reside la grandeza de esta película, una obra maestra inolvidable, con una banda sonora aún más memorable.

BSO de \'Laura\'

Escena del policía en casa de Laura

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Vampiresas olvidadas

15 enero 2010 · No hay comentarios

Estas Navidades he tenido la suerte de ir al cine un par de ocasiones, aunque quizá debería decir “ocurrencia”, porque las películas escogidas fueron Avatar (James Cameron, 2009) y El baile de la Victoria (Fernando Trueba, 2009), y estoy convencida de que podría haber elegido alguna mejor. Eso teniendo en cuenta que todavía no se habían estrenado Un tipo serio (hermanos Coen, 2008) o La cinta blanca (Michael Haneke, 2009). Esta última, ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, tiene muy buena pinta.

         Y, a pesar de la decepción que me llevé en mis más recientes visionados en las salas de cine, no puedo decir lo mismo de las películas que he visto en casa estos días, especialmente las que llevaban meses esperándome en la estantería que ya podría definirse como una “mini-filmoteca particular”. Me gustaría detenerme en dos películas coetáneas muy oscuras, ambas con la presencia estelar de actrices vampiresas e inspiradas, casualmente, en novelas del escritor James M. Cain (conocido por El cartero siempre llama dos veces). Son Perdición (Billy Wilder, 1944) y Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945).

         La primera encarna a la perfección el arquetipo del cine negro, con la presencia de una mujer desesperada y un hombre codicioso que sucumben al asesinato y a la traición. En el film, un vendedor de seguros (Fred MacMurray) se alía con la perversa mujer de un viejo (Barbara Stanwyck) para conseguir de éste una cuantiosa suma de dinero una vez muerto. Le engañan para que firme una póliza de seguro de vida que garantizaría a la beneficiaria, su mujer, una importante suma de dinero. Sin embargo, a pesar de que el asesinato sale según lo previsto, el vendedor de seguros no ha tenido en cuenta la presencia de un tenaz investigador de siniestros (Edward G. Robinson), que intuye que la muerte del viejo no ha sido por accidente ni por suicidio. Cuando el protagonista empieza a desconfiar de su amante y cómplice, la perversa mujer del viejo, su estabilidad emocional comienza a tambalearse.

Pese a la sordidez de Perdición se respira en todo el film, a juicio de los críticos de 1001 películas que hay que ver antes de morir, “un romanticismo extraño, evocador”, que ni mucho menos está presente en la también oscurísima Alma en suplicio. En esta última, la ambición, los celos y la envidia nublan a las protagonistas: Mildred Pierce (Joan Crawford) y su hija Veda (Ann Blyth, excelente en este papel de femme fatale). 1001 películas… la describe como “la definitiva película para mujeres de dramas domésticos de los años cuarenta” y “un ejemplo soberbio del género negro que trastocó los ideales de devoción materna de la época”. Se trata de una adaptación de una novela de James M. Cain que describe a Mildred como una mujer inteligente, ambiciosa y decidida que, tras distanciarse de su marido (Bruce Bennet), monta un próspero negocio para satisfacer las necesidades materiales de su hija mayor. Su obsesión por ella roza lo enfermizo e insano, incluso “lo patológico”, una obcecación que se acentúa con la muerte de su hija pequeña, que no parece afectarle demasiado, y cuando se entera de que Veda se siente atraída por el mismo sinvergüenza que ella (Zachary Scott). Si a esta enrevesada trama le añadimos un reparto brillante y una fotografía magnífica (Ernest Haller, ganador del Óscar por Lo que el viento se llevó), el resultado es explosivo.

“Sería imposible encontrar un melodrama con mayor convicción”, a juicio de los críticos de 1001 películas…, y no podría estar más de acuerdo. Todo ello gracias, en gran medida, a la presencia de las mujeres “perversas” de la trama. Ya no existe ese cliché de vampiresa referido al personaje femenino guiado por la maldad, a esa femme fatale de rostro histriónico enmarcado por rasgos viles y perversos. ¿Quién puede olvidar a Bette Davis en sus papeles en ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962) o en Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950)? Yo no.

Escena de tiroteo en ‘Perdición’ (1944)

Alma en suplicio (1945)

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Las mejores películas de la década

1 enero 2010 · 2 comentarios

Ahora que se ha acabado el año, pero también la primera década del siglo XXI, muchas páginas web se dedican a seleccionar las mejores películas de estos diez años. Internautas de todo el mundo han situado en primer lugar la película El caballero oscuro en una encuesta realizada por la página web Slashfilm.com basándose en las puntuaciones obtenidas por la web Internet Movie Database (IMDb).

La encuesta, que recoge los 25 mejores films de la década, ha situado en segundo lugar, y empatando a puntos con la película de Christopher Nolan protagonizada por Christian Bale y Heath Ledger, la última entrega de la trilogía de Peter Jackson: El señor de los Anillos: El retorno del Rey. Las dos primeras partes de la oscarizada trilogía (La comunidad del anillo y Las dos torres) también se incluyen en el top 10 de esta encuesta. Quizá por lo reciente de su estreno o por la espectacularidad de sus efectos especiales, más que por la calidad de un guión ciertamente previsible, la promocionadísima película de James Cameron Avatar ocupa el quinto lugar.

Hasta este punto, nada sorprende de una encuesta que se espera incluya las películas más comerciales del cine. Sin embargo, en la lista aparecen films extraordinarios, de una calidad indiscutible, como la excepcional Memento, o la oscarizada película de Scorsese Infiltrados. También se incluye la maravillosa película de animación japonesa El viaje de Chihiro, cuyos personajes, por su ternura, son inolvidables. Y lo que más ilusión me ha hecho ha sido ver dos películas de Pixar (Up y Wall-E) y una de Tarantino (Malditos bastardos), aunque quizá debieran haber incluido también la brillante Reservoir Dogs.

         Por supuesto, aparece la mejor película de 2008 y una de las más taquilleras, Gran Torino, a mi juicio, la producción más bella de Clint Eastwood. Curioso, por otro lado, que la única presencia española sea El laberinto del fauno, un film que me pareció interesante pero nada excepcional.

En definitiva, al contrario de lo que suele suceder, esta encuesta demuestra que en ocasiones el gusto del público puede ajustarse al de la crítica. Baste ver que la selección de los internautas coincide en buena medida con las recomendaciones de los críticos de 1001 películas que hay que ver antes de morir, libro que incluye los siguientes films de esa encuesta: Réquiem por un sueño (Darren Aronofski, 2000), Memento (Christopher Nolan, 2000), Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001), El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001), la trilogía de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001, 2002, 2003), El pianista (Roman Polanski, 2002), Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002), El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), Infiltrados (Martin Scorsese, 2006), El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006).

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‘Celda 211’ renueva el cine español

18 diciembre 2009 · No hay comentarios

Daniel Monzón nos sumerge en un ritmo trepidante en su nueva película, Celda 211, un ejemplo excelente de buen hacer cinematográfico con muchas dosis de emoción. La película narra la historia de un joven funcionario de prisiones (Alberto Ammann), que debe enfrentarse en su primer día de trabajo a un motín carcelario. Para sobrevivir, opta por hacerse pasar por un preso recién llegado y entra en el círculo de Malamadre (Luis Tosar), líder de la revuelta, con quien acabará compartiendo un fuerte vínculo emocional.

         Luis Tosar está magnífico, mejor incluso que en Te doy mis ojos (2003, Icíar Bollaín); La flaqueza del bolchevique (2003, Manuel Martín Cuenca); Inconscientes (2004, Joaquín Oristrell); o Los límites del control (2008, Jim Jarsmush). Pero la auténtica sorpresa del reparto es Alberto Ammann, un desconocido actor que no sólo se pone a la altura del gigante Tosar, sino que logra una química formidable junto al intérprete gallego.

         Las casi dos horas que dura la película pasan como un torbellino, gracias a un ritmo frenético que llega a su clímax cuando el protagonista, tras un acontecimiento inesperado, cruza la línea que delimita lo políticamente correcto y muestra su lado más oscuro. Brillante en este sentido la reflexión sobre lo difusa que es la línea que separa el bien del mal y, en particular, a los personajes buenos de los malos. El espectador acaba por empatizar con Malamadre, el personaje que interpreta Tosar, un asesino condenado a pasar el resto de sus días en la cárcel; y termina despreciando al funcionario jefe de prisión Utrilla, un Antonio Resines que realiza probablemente la interpretación más floja de todo el film.

         No cabe duda de que al acabar el año, Celda 211 será una de las películas españolas más reconocidas, no sólo por la crítica, sino también en taquilla. Según el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), Ágora encabeza la lista de películas españolas con mayor recaudación de 2009, con más de dos millones de espectadores, seguida de Fuga de cerebros, Rec 2, Mentiras y gordas y Los abrazos rotos. Pero no cabe duda de que al ritmo al que va Celda 211, terminará superando a la superproducción de Amenábar. El año pasado Los crímenes de Oxford lideró el ranking de films españoles más vistos, seguido muy de cerca por Mortadelo y Filemón, Misión: Salvar la tierra, y Vicky Cristina Barcelona. Es curioso porque las dos películas que lideran las listas de recaudación de películas extranjeras son de animación (Up, Ice Age 3: El origen de los dinosaurios), ambas exhibidas también en 3D, lo que demuestra que el espectador agradece la innovación.

A pesar de que aún quedan un par de semanas para acabar el año, es más que probable que Celda 211, del director de La caja Kovak (2007) y El robo más grande jamás contado (2002), acabe por ascender al número uno del ranking del cine español. Y lo tendría bien merecido.

Tráiler de ‘Celda 211’

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El voto de castidad

4 diciembre 2009 · No hay comentarios

Esta semana me he adentrado en el curioso mundo de Dogma 95. Muchos de vosotros os preguntaréis de qué se trata, porque no cabe duda de que ese título parece algo sectario. Pero se trata, ni más ni menos, de un manifiesto firmado en 1995 por los directores de cine daneses Lars von Trier y Thomas Vinterberg, entre otros. Este grupo aboga por el rodaje en exteriores con cámaras de mano, sonido directo y ausencia de efectos especiales y de cualquier recurso de postproducción. Todas estas reglas están recogidas en “El voto de castidad”, también curioso título pero muy apropiado, dado que las diez reglas implican grandes límites a la creación de los cineastas.

         La primera película enmarcada en este manifiesto es precisamente de Thomas Vinterberg: ‘Celebración’ (‘Festen’, 1998). El destacado crítico de cine Jonathan Rosenbaum apunta en ‘1001 películas que hay que ver antes de morir’: “Rodada con la cámara de vídeo digital más pequeña y ligera que había en la época, ‘Celebración’ narra los mordaces y violentos enfrentamientos familiares que se producen en una casa de campo cuando se celebra el sesenta aniversario del patriarca, poco después de que la hermana melliza del hijo mayor se suicide. Las formas extremas de agresividad que surgen desde el principio y la forma ácida en que Vintenberg combina las diferentes acciones disfrazan el hecho de que estamos ante un psicodrama muy bien escrito, interpretado y dirigido, y no ante un experimento revolucionario como se proclamó en su momento. Pero el poder dramático destilado de los secretos familiares que se van desvelando acaba por ganarse al público”. Sin duda es una película extraordinaria, que combina a la perfección los elementos dramáticos con algunos episodios cómicos que restan tensión a una trama muy dura.

         La siguiente película de Dogma 95 fue ‘Los idiotas’ (1998), de Lars von Trier, más conocido por sus películas ‘Rompiendo las olas’ (1996), Dogville (2003) o, más recientemente, ‘Anticristo’ (2009). El argumento de ‘Los idiotas’ es muy simple: en un hogar burgués, todos los personajes fingen ser deficientes mentales para así librarse de las ataduras de la sociedad. Según Rosenbaum, ambas películas (‘Celebración’ y ‘Los idiotas’) “son actos evidentes de rebeldía definidos por sus postulados de clase media y su acérrimo apolitismo. El trabajo de Vintenberg, de inspiración más convencional que el de Lars von Trier (pensemos en Ibsen, Strindberg, Bergman), es auténticamente explosivo y está ejecutado con maestría”.

Tráiler de ‘Celebración’ (1998)

Tráiler de ‘Los idiotas’ (1998)

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