1001 películas que hay que ver antes de morir

La obsesión

28 Enero 2010 · No hay comentarios

Regresamos de nuevo a los años cuarenta, la década del Star System, al primer Hollywood de oro, a las mejores películas del cine negro. En el último post hablamos de las vampiresas, presentes en la mayoría de las películas que podrían encajarse en este ambiguo género. Sin embargo, faltaba mencionar uno de los films mejor realizados de la época, una producción a la que cualquier amante del celuloide debe recurrir en busca de respuestas: Laura (1944), de Otto Preminger. Ésta es, quizás, la película más redonda del director de origen austríaco, conocido también por films como Anatomía de un asesinato (1959) o Éxodo (1960).

         Laura es una historia de obsesión, de fascinación, de atracción por un personaje que no aparece hasta transcurrida buena parte de la película. Los críticos del libro 1001 películas que hay que ver antes de morir explican el argumento del film: “Los hombres la adoran. Las mujeres la admiran. Sin embargo, la seductora y joven diseñadora Laura Hunt (Gene Tierney) no es el centro de la película, ni tampoco su fría amiga de la alta sociedad Ann (Judith Anderson), ni su artero pretendiente Shelby (Vincent Price), ni el duro policía Mark McPherson (Dana Andrews), que, al buscar al asesino de la muchacha, se enamora del fantasma de ésta. Pero el malévolo y meloso escritor y radiofonista Waldo Lydecker (Clifton Webb) ejerce una fascinación absoluta, adopta a Laura como protegida, la hace famosa y luego se obsesiona con su vida como una araña que la tuviera en su tela”.

Y, aunque Laura “intriga en su discordante mezcla de estilos”, es calificada como una película de cine negro, a mi juicio, atípica. El juego de luces y sombras es brillante (de ahí que la fotografía, diseñada por Joseph LaShelle, se llevara el Oscar) y encaja a la perfección dentro del género, siguiendo el estilo precedente elaborado por Arthur Edeson en Casablanca (1942, Michael Curtiz) y en El halcón maltés (1941, John Huston). Sin embargo, la siempre fascinante actriz Gene Tierney (que sufrió muchos altibajos emocionales en su vida personal, fruto del nacimiento de una hija que padecía retraso intelectual y de las aventuras amorosas de su primer marido, el diseñador Oleg Cassini) no interpreta a una femme fatale, sino más bien todo lo contrario. Laura es una mujer digna de ser admirada, es luchadora, bondadosa, bella y su sola presencia genera cierta tensión sexual entre quienes la rodean. Laura siempre está presente, aunque no esté, desde el principio de la película. Su retrato aparece ya en la primera escena y Preminger recurre a él en numerosos planos, en especial en aquellos en los que aparece el policía McPherson, encargado de investigar el supuesto crimen. Tal es el embrujo que ejerce Laura en los hombres que la rodean que el detective no puede más que enamorarse de su figura, aún pensando en un principio que está muerta. Ahí reside la grandeza de esta película, una obra maestra inolvidable, con una banda sonora aún más memorable.

BSO de \'Laura\'

Escena del policía en casa de Laura

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Vampiresas olvidadas

15 Enero 2010 · No hay comentarios

Estas Navidades he tenido la suerte de ir al cine un par de ocasiones, aunque quizá debería decir “ocurrencia”, porque las películas escogidas fueron Avatar (James Cameron, 2009) y El baile de la Victoria (Fernando Trueba, 2009), y estoy convencida de que podría haber elegido alguna mejor. Eso teniendo en cuenta que todavía no se habían estrenado Un tipo serio (hermanos Coen, 2008) o La cinta blanca (Michael Haneke, 2009). Esta última, ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, tiene muy buena pinta.

         Y, a pesar de la decepción que me llevé en mis más recientes visionados en las salas de cine, no puedo decir lo mismo de las películas que he visto en casa estos días, especialmente las que llevaban meses esperándome en la estantería que ya podría definirse como una “mini-filmoteca particular”. Me gustaría detenerme en dos películas coetáneas muy oscuras, ambas con la presencia estelar de actrices vampiresas e inspiradas, casualmente, en novelas del escritor James M. Cain (conocido por El cartero siempre llama dos veces). Son Perdición (Billy Wilder, 1944) y Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945).

         La primera encarna a la perfección el arquetipo del cine negro, con la presencia de una mujer desesperada y un hombre codicioso que sucumben al asesinato y a la traición. En el film, un vendedor de seguros (Fred MacMurray) se alía con la perversa mujer de un viejo (Barbara Stanwyck) para conseguir de éste una cuantiosa suma de dinero una vez muerto. Le engañan para que firme una póliza de seguro de vida que garantizaría a la beneficiaria, su mujer, una importante suma de dinero. Sin embargo, a pesar de que el asesinato sale según lo previsto, el vendedor de seguros no ha tenido en cuenta la presencia de un tenaz investigador de siniestros (Edward G. Robinson), que intuye que la muerte del viejo no ha sido por accidente ni por suicidio. Cuando el protagonista empieza a desconfiar de su amante y cómplice, la perversa mujer del viejo, su estabilidad emocional comienza a tambalearse.

Pese a la sordidez de Perdición se respira en todo el film, a juicio de los críticos de 1001 películas que hay que ver antes de morir, “un romanticismo extraño, evocador”, que ni mucho menos está presente en la también oscurísima Alma en suplicio. En esta última, la ambición, los celos y la envidia nublan a las protagonistas: Mildred Pierce (Joan Crawford) y su hija Veda (Ann Blyth, excelente en este papel de femme fatale). 1001 películas… la describe como “la definitiva película para mujeres de dramas domésticos de los años cuarenta” y “un ejemplo soberbio del género negro que trastocó los ideales de devoción materna de la época”. Se trata de una adaptación de una novela de James M. Cain que describe a Mildred como una mujer inteligente, ambiciosa y decidida que, tras distanciarse de su marido (Bruce Bennet), monta un próspero negocio para satisfacer las necesidades materiales de su hija mayor. Su obsesión por ella roza lo enfermizo e insano, incluso “lo patológico”, una obcecación que se acentúa con la muerte de su hija pequeña, que no parece afectarle demasiado, y cuando se entera de que Veda se siente atraída por el mismo sinvergüenza que ella (Zachary Scott). Si a esta enrevesada trama le añadimos un reparto brillante y una fotografía magnífica (Ernest Haller, ganador del Óscar por Lo que el viento se llevó), el resultado es explosivo.

“Sería imposible encontrar un melodrama con mayor convicción”, a juicio de los críticos de 1001 películas…, y no podría estar más de acuerdo. Todo ello gracias, en gran medida, a la presencia de las mujeres “perversas” de la trama. Ya no existe ese cliché de vampiresa referido al personaje femenino guiado por la maldad, a esa femme fatale de rostro histriónico enmarcado por rasgos viles y perversos. ¿Quién puede olvidar a Bette Davis en sus papeles en ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962) o en Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950)? Yo no.

Escena de tiroteo en ‘Perdición’ (1944)

Alma en suplicio (1945)

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Las mejores películas de la década

1 Enero 2010 · 2 comentarios

Ahora que se ha acabado el año, pero también la primera década del siglo XXI, muchas páginas web se dedican a seleccionar las mejores películas de estos diez años. Internautas de todo el mundo han situado en primer lugar la película El caballero oscuro en una encuesta realizada por la página web Slashfilm.com basándose en las puntuaciones obtenidas por la web Internet Movie Database (IMDb).

La encuesta, que recoge los 25 mejores films de la década, ha situado en segundo lugar, y empatando a puntos con la película de Christopher Nolan protagonizada por Christian Bale y Heath Ledger, la última entrega de la trilogía de Peter Jackson: El señor de los Anillos: El retorno del Rey. Las dos primeras partes de la oscarizada trilogía (La comunidad del anillo y Las dos torres) también se incluyen en el top 10 de esta encuesta. Quizá por lo reciente de su estreno o por la espectacularidad de sus efectos especiales, más que por la calidad de un guión ciertamente previsible, la promocionadísima película de James Cameron Avatar ocupa el quinto lugar.

Hasta este punto, nada sorprende de una encuesta que se espera incluya las películas más comerciales del cine. Sin embargo, en la lista aparecen films extraordinarios, de una calidad indiscutible, como la excepcional Memento, o la oscarizada película de Scorsese Infiltrados. También se incluye la maravillosa película de animación japonesa El viaje de Chihiro, cuyos personajes, por su ternura, son inolvidables. Y lo que más ilusión me ha hecho ha sido ver dos películas de Pixar (Up y Wall-E) y una de Tarantino (Malditos bastardos), aunque quizá debieran haber incluido también la brillante Reservoir Dogs.

         Por supuesto, aparece la mejor película de 2008 y una de las más taquilleras, Gran Torino, a mi juicio, la producción más bella de Clint Eastwood. Curioso, por otro lado, que la única presencia española sea El laberinto del fauno, un film que me pareció interesante pero nada excepcional.

En definitiva, al contrario de lo que suele suceder, esta encuesta demuestra que en ocasiones el gusto del público puede ajustarse al de la crítica. Baste ver que la selección de los internautas coincide en buena medida con las recomendaciones de los críticos de 1001 películas que hay que ver antes de morir, libro que incluye los siguientes films de esa encuesta: Réquiem por un sueño (Darren Aronofski, 2000), Memento (Christopher Nolan, 2000), Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001), El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001), la trilogía de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001, 2002, 2003), El pianista (Roman Polanski, 2002), Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002), El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), Infiltrados (Martin Scorsese, 2006), El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006).

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‘Celda 211’ renueva el cine español

18 Diciembre 2009 · No hay comentarios

Daniel Monzón nos sumerge en un ritmo trepidante en su nueva película, Celda 211, un ejemplo excelente de buen hacer cinematográfico con muchas dosis de emoción. La película narra la historia de un joven funcionario de prisiones (Alberto Ammann), que debe enfrentarse en su primer día de trabajo a un motín carcelario. Para sobrevivir, opta por hacerse pasar por un preso recién llegado y entra en el círculo de Malamadre (Luis Tosar), líder de la revuelta, con quien acabará compartiendo un fuerte vínculo emocional.

         Luis Tosar está magnífico, mejor incluso que en Te doy mis ojos (2003, Icíar Bollaín); La flaqueza del bolchevique (2003, Manuel Martín Cuenca); Inconscientes (2004, Joaquín Oristrell); o Los límites del control (2008, Jim Jarsmush). Pero la auténtica sorpresa del reparto es Alberto Ammann, un desconocido actor que no sólo se pone a la altura del gigante Tosar, sino que logra una química formidable junto al intérprete gallego.

         Las casi dos horas que dura la película pasan como un torbellino, gracias a un ritmo frenético que llega a su clímax cuando el protagonista, tras un acontecimiento inesperado, cruza la línea que delimita lo políticamente correcto y muestra su lado más oscuro. Brillante en este sentido la reflexión sobre lo difusa que es la línea que separa el bien del mal y, en particular, a los personajes buenos de los malos. El espectador acaba por empatizar con Malamadre, el personaje que interpreta Tosar, un asesino condenado a pasar el resto de sus días en la cárcel; y termina despreciando al funcionario jefe de prisión Utrilla, un Antonio Resines que realiza probablemente la interpretación más floja de todo el film.

         No cabe duda de que al acabar el año, Celda 211 será una de las películas españolas más reconocidas, no sólo por la crítica, sino también en taquilla. Según el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), Ágora encabeza la lista de películas españolas con mayor recaudación de 2009, con más de dos millones de espectadores, seguida de Fuga de cerebros, Rec 2, Mentiras y gordas y Los abrazos rotos. Pero no cabe duda de que al ritmo al que va Celda 211, terminará superando a la superproducción de Amenábar. El año pasado Los crímenes de Oxford lideró el ranking de films españoles más vistos, seguido muy de cerca por Mortadelo y Filemón, Misión: Salvar la tierra, y Vicky Cristina Barcelona. Es curioso porque las dos películas que lideran las listas de recaudación de películas extranjeras son de animación (Up, Ice Age 3: El origen de los dinosaurios), ambas exhibidas también en 3D, lo que demuestra que el espectador agradece la innovación.

A pesar de que aún quedan un par de semanas para acabar el año, es más que probable que Celda 211, del director de La caja Kovak (2007) y El robo más grande jamás contado (2002), acabe por ascender al número uno del ranking del cine español. Y lo tendría bien merecido.

Tráiler de ‘Celda 211’

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El voto de castidad

4 Diciembre 2009 · No hay comentarios

Esta semana me he adentrado en el curioso mundo de Dogma 95. Muchos de vosotros os preguntaréis de qué se trata, porque no cabe duda de que ese título parece algo sectario. Pero se trata, ni más ni menos, de un manifiesto firmado en 1995 por los directores de cine daneses Lars von Trier y Thomas Vinterberg, entre otros. Este grupo aboga por el rodaje en exteriores con cámaras de mano, sonido directo y ausencia de efectos especiales y de cualquier recurso de postproducción. Todas estas reglas están recogidas en “El voto de castidad”, también curioso título pero muy apropiado, dado que las diez reglas implican grandes límites a la creación de los cineastas.

         La primera película enmarcada en este manifiesto es precisamente de Thomas Vinterberg: ‘Celebración’ (‘Festen’, 1998). El destacado crítico de cine Jonathan Rosenbaum apunta en ‘1001 películas que hay que ver antes de morir’: “Rodada con la cámara de vídeo digital más pequeña y ligera que había en la época, ‘Celebración’ narra los mordaces y violentos enfrentamientos familiares que se producen en una casa de campo cuando se celebra el sesenta aniversario del patriarca, poco después de que la hermana melliza del hijo mayor se suicide. Las formas extremas de agresividad que surgen desde el principio y la forma ácida en que Vintenberg combina las diferentes acciones disfrazan el hecho de que estamos ante un psicodrama muy bien escrito, interpretado y dirigido, y no ante un experimento revolucionario como se proclamó en su momento. Pero el poder dramático destilado de los secretos familiares que se van desvelando acaba por ganarse al público”. Sin duda es una película extraordinaria, que combina a la perfección los elementos dramáticos con algunos episodios cómicos que restan tensión a una trama muy dura.

         La siguiente película de Dogma 95 fue ‘Los idiotas’ (1998), de Lars von Trier, más conocido por sus películas ‘Rompiendo las olas’ (1996), Dogville (2003) o, más recientemente, ‘Anticristo’ (2009). El argumento de ‘Los idiotas’ es muy simple: en un hogar burgués, todos los personajes fingen ser deficientes mentales para así librarse de las ataduras de la sociedad. Según Rosenbaum, ambas películas (‘Celebración’ y ‘Los idiotas’) “son actos evidentes de rebeldía definidos por sus postulados de clase media y su acérrimo apolitismo. El trabajo de Vintenberg, de inspiración más convencional que el de Lars von Trier (pensemos en Ibsen, Strindberg, Bergman), es auténticamente explosivo y está ejecutado con maestría”.

Tráiler de ‘Celebración’ (1998)

Tráiler de ‘Los idiotas’ (1998)

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Los limoneros de la discordia

20 Noviembre 2009 · 2 comentarios

“El limonero es muy hermoso y su flor muy dulce. Pero el fruto del pobre limonero es imposible de comer”.

‘Los limoneros’ (2007). Un título sencillo, pero claro y contundente. Al fin y al cabo, esos árboles son el hilo conductor de la película, donde se refleja hasta qué punto el gobierno israelí banaliza el sufrimiento que causa a los palestinos. El film transcurre en la línea fronteriza entre Israel y Cisjordania, en el espacio que separa la casa de Salma, una viuda palestina, de la del ministro de Defensa israelí. Y ese espacio es un limonar, un precioso limonar por cierto, que, a juicio del servicio secreto israelí, supone una amenaza para la seguridad del ministro y de su mujer. Así que ordenan arrancar todos los limoneros sin tener en cuenta el valor sentimental que tienen para Salma. Sin embargo, ella decide enfrascarse en una batalla legal para la que cuenta con el apoyo de un joven letrado palestino, Ziad Daud (Ali Suliman), emocionalmente muy implicado en el caso. La fortaleza y obstinación de Salma despiertan el interés de Mira Navon, la esposa del ministro, que vive infelizmente encerrada en su nueva casa, y que acabará por tejer un lazo invisible que unirá a las dos mujeres.
La película, ganadora del premio del público de Berlín, es muy emotiva. Eran Riklis, su director, logra plasmar la psicosis del Ejército israelí, su miedo perenne a ser atacados. El espectador no puede evitar empatizar con Salma, especialmente en la escena en la que algunos soldados recogen limones para una cena que han organizado el ministro y su mujer. Se habían olvidado de comprarlos, así que no dudan en cogerlos del campo de Salma. Entonces ella aparece, dolida ante tal incursión, gritándoles que dejen sus limones. El ministro dice: “Sólo son unos limones”. Mira Navon, la esposa del ministro, la observa admirada por su coraje y obstinación.
Son muchas las películas que han abordado el conflicto israelo-palestino desde distintos puntos de vista, pero quizá ninguna haya retratado tan bien los miedos y las dudas de las personas que se autoinmolan como ‘Paradise Now’ (2005), la alabadísima película de Hany Abu-Assad. ‘1001 películas que hay que ver antes de morir’ considera que este film “merece alabanzas por la valentía del director, pero es el compromiso con la imparcialidad lo que le granjea nuestra consideración y respeto”.
Si a ello le añadimos unas magníficas interpretaciones de los protagonistas, Kais Nashef (Said) y Ali Suliman (Khaled), también presente en ‘Los limoneros’, así como la brillante actuación Lubna Azabal, que interpreta a una desesperada Suha, ferviente pacifista convencida de que las bombas y la violencia no solucionan nada, el resultado es extraordinario. “Mediante su visión libre de prejuicios de un enfrentamiento polémico, [la película] nos invita a extraer nuestras propias conclusiones del conflicto palestino-israelí, la práctica de la autoinmolación y cuestiones todavía más profundas sobre el sentido de una vida digna de ser vivida… y por la que merece la pena vivir”.
Escena de ‘Los limoneros’ (2007)
Tráiler de ‘Paradise Now’ (2005)

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El realismo social por Ken Loach

6 Noviembre 2009 · No hay comentarios

Muchas películas han tratado el proceso de independencia de Irlanda durante los años que siguieron a la cruenta I Guerra Mundial, en el contexto de una Irlanda pobre y rural que estaba siendo ocupada por el Ejército británico que aún tenía abiertas las heridas producidas por la Gran Guerra. El director de cine irlandés Neil Jordan llevó a la gran pantalla en 1996 la historia del líder revolucionario Michael Collins, fallecido durante la guerra civil irlandesa que se sucedió en 1922 y 1923 entre los partidarios y los detractores del Tratado anglo-irlandés (firmado en 1921). Liam Nesson interpretó de forma brillante a Collins en una película que, a pesar de contar con una estructura narrativa muy correcta, adolecía de ciertas imprecisiones históricas.
En 2006 Ken Loach nos deleitó con ‘El viento que agita la cebada’ (The Wind that Shakes the Barley), una película galardonada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes. El film nos trasladaba a la Irlanda de 1920 y 1921, que se hallaba bajo el dominio del Imperio Británico. En ella, Damien (Cillian Murphy) abandona su prometedora carrera de médico para alistarse, junto con su hermano Teddy (Liam Cunningham), en la guerrilla creada con el fin de combatir las escuadras británicas que trataban de sofocar las aspiraciones independentistas irlandesas en 1919.
Se trata de un film muy emotivo, no sólo por el trágico hilo argumental, que relata las vejaciones que padecen los irlandeses rebeldes a manos de los soldados británicos, sino también por la interpretación de un Cillian Murphy excelente, conocido por películas como ‘28 días después’ (2003), ‘La joven de la perla’ (2003) o ‘Cold Mountain’ (2003), y más recientemente por su papel de “espantapájaros” en ‘El caballero oscuro’ (2008).
También es de destacar el trabajo de Ken Loach, muy comprometido con el realismo social e influido por sus aportaciones a la televisión. De hecho, con ‘Kes’(1969), su primera película, el director “transfirió la metodología realista que había estado utilizando en su obra televisiva y proclamó las intenciones que le animaban para su cine en el futuro”, como apunta el libro ‘1001 películas que hay que ver antes de morir’. Este film se basa en una novela del escritor Barry Hines, que relata el presente tedioso en el que vive el joven Barnsley (David Bradley) hasta que encuentra y adiestra a un halcón. Su creciente interés en el arte de la cetrería, junto con su admiración por las habilidades cazadoras y la orgullosa independencia del ave, le permite vislumbrar una alternativa al presente opresivo y al futuro sin horizontes de su vida en una ciudad inglesa de clase obrera.
“Loach evita los tópicos sentimentaloides de muchas películas anteriores ambientadas en el norte industrial de Gran Bretaña a base de no centrarse en una dieta continua de privaciones económicas y culturales sobre las relaciones y aspiraciones humanas. De aquí la fuerza emotiva de aquellas escenas en que el entusiasmo del muchacho (descuidado desde casi siempre por familiares y amigos, salvo por un profesor) es traicionado y destruido por fin”.
Tráiler de ‘El viento que agita la cebada’ (2006)
Tráiler de ‘Kes’ (1969)

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La fragilidad del ser según Kubrick

23 Octubre 2009 · No hay comentarios

Este mes tocaba repasar la filmografía de Stanley Kubrick. Y, aunque las películas que más me han gustado han sido ‘¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú’ (1964) y ‘La naranja mecánica’ (1971), debo confesar que todas me han parecido excelentes. En cada una de ellas se percibe el perfeccionismo inherente en el director de cine neoyorquino, cada escena denota mucho trabajo y detallismo.
‘1001 películas que hay que ver antes de morir’ realiza un repaso exhaustivo a gran parte de la filmografía del cineasta, destacando ‘Espartaco’ (1960), ‘Lolita’ (1962), ‘¿Teléfono rojo?…’ (1962), ‘2001: Una odisea del espacio’ (1968) y ‘La naranja mecánica’ (1971).
Quizá lo más sorprendente de la filmografía de Kubrick sea la presencia constante de la violencia y de bandas sonoras de una originalidad pasmosa, además de una crítica latente a los gobernantes y una reflexión sobre la fragilidad de los individuos cuando no se comportan como la sociedad les dicta. El ejemplo más claro que incluye todos estos elementos es ‘La naranja mecánica’ (1971). La periodista norteamericana Angela Errigo explica en ‘1001 películas…’ que “la historia de los incurables patanes que alivian su aburrimiento entregándose a la violencia gratuita es escalofriantemente actual, como lo es el tema capital de la película: la fragilidad de la individualidad y de los derechos de la persona cuando no se conforma con los deseos del Estado”.
‘La naranja mecánica’ relata las andadas del delincuente Alex de Large (Malcolm McDowell), que encuentra placer en la pornografía, en la sinfonía número 9 de Beethoven y en liderar a su banda de maleantes. Entre sus crímenes, destaca la violación de una mujer ante su marido, al compás de su tatareo de ‘Singing in the rain’; y el asesinato de una mujer amante de los gatos con una escultura fálica. Tras cometer estos delitos es encarcelado y, poco más adelante, sometido a una “rehabilitación” que consiste en el visionado constante de imágenes plagadas de violencia que lo acaban convirtiendo en un ser despojado de toda humanidad. Rechazado por sus padres, acaba por dar con la casa en la que realizó la violación. El marido de la víctima lo acoge desconociendo de quién se trata, pero, al escuchar cómo canta ‘Singing in the rain’ en la bañera, descubre quién es y decide vengarse. Pone a todo volumen la sinfonía número 9 de Beethoven para hacer sufrir al joven, puesto que tras la terapia de rehabilitación empezó a asociar esa pieza con el sufrimiento vinculado a la violencia. Entonces Alex trata de suicidarse, incapaz de soportar una nota más de la música de Beethoven.
Brillante en el estilo, con grandes dosis de sentido del humor y una banda sonora espectacular, ‘La naranja mecánica’ es una película fundamental, precedente además de buena parte de los cineastas actuales.
‘La naranja mecánica’

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Belle de jour, una flor de día

9 Octubre 2009 · 1 comentario

Belle de jourDesde que en junio viera la película ‘Je veux voir’ (2008), un documental protagonizado por Catherine Deneuve sobre los estragos causados por la invasión israelí del Líbano en 2006, el film ‘Belle de jour’ (1967) se había convertido en una tarea pendiente fundamental. ¿El motivo? La referencia que se hace en el documental, en boca del actor Rabih Mroue, a un precioso diálogo de la película de Luis Buñuel. En ‘Je veux voir’, Mroue recita unas palabras que ha memorizado de la protagonista de ‘Belle de jour’, Séverine Serizy, interpretada por una Catherine Deneuve memorable.
Tras ver el film, puedo asegurar que no resulta para nada extraño que alguien memorice algunos de sus pasajes. Aunque lo que permanece en el imaginario del espectador sean más bien los sutiles detalles que adornan una trama aparentemente banal. El libro ‘1001 películas que hay que ver antes de morir’ realiza una loable crítica del film: “Belle de jour es una película fetichista sublime. Buñuel no se interesa por la desnudez de Catherine Deneuve, sino por las ropas y velos que la cubren, y por su superficie femenina extraordinariamente pulida y lustrosa”.
Los sucesos de la trama explican hasta qué punto es importante la desnudez de Deneuve. La actriz francesa interpreta a Séverine Serizy, una esposa burguesa que es frígida (o incluso virginal) con su marido, Jean Sorel. Séverine asume una doble vida, las tardes de los fines de semana, como prostituta en un burdel de lujo. Así se siente segura, por lo visto, para explotar sus fantasías sexuales masoquistas. Sin embargo, la pulcritud de su sistema se viene abajo cuando un gángster desastrado (Pierre Clémenti) conquista su corazón e irrumpe bruscamente en su respetable vida.
Como apunta ‘1001 películas…’, “resumida así, ‘Belle de jour’ puede parecer una fantasía masculina ridícula y esquemática. En realidad, se trata de uno de los filmes más misteriosos, poéticos, complejos y seductores e la historia del cine”. Es una película de la que difícilmente el espectador se puede desconectar durante su transcurso, con esa especie de magnetismo que recuerda a films como ‘À bout de souffle’ (‘Al final de la escapada’, Jean-Luc Godard, 1959) o ‘La dolce vita’ (Federico Fellini, 1960).
Trailer de ‘Belle de jour’

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Los bastardos de Tarantino

25 Septiembre 2009 · No hay comentarios

Los genios se pueden permitir el lujo de reescribir la Historia. “Uno de mis puntos fuertes como escritor consiste en que nunca prohíbo a mis personajes ir donde les apetece. Ellos mandan, yo les sigo. No importa que yo tenga una trama, ellos pueden desviarse, demostrarme que es chunga […]. Mis personajes ignoran que pertenecen a la Historia, y en mis películas nunca han formado parte de una historia preescrita, entonces, ¿por qué eso debía cambiar de repente? No ocurrió en la realidad porque mis personajes ‘no han existido’. Pero en cuanto los sumerjo en la Historia, ésta queda modificada. La lección de la ciencia ficción consiste en que si remontas el tiempo y cambias un detalle, todo se altera”. La revista ‘Cahiers du cinéma’ recogió estas interesantes declaraciones de Quentin Tarantino durante el Festival de Cannes.
La acción de ‘Malditos bastardos’ (‘Inglourious Basterds’) transcurre durante la ocupación nazi de Francia. La judía Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent), tras presenciar la matanza de su familia por parte del oficial nazi Hans Landa (Cristoph Waltz), logra huir a París, donde regentará un cine bajo otra identidad. Paralelamente, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) coordina un grupo de soldados judíos para vengarse: son ‘los Bastardos’, temidos cada uno de ellos por su forma de aniquilar a todo aquel que lleve un uniforme nazi. Estos se unirán a la actriz alemana Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger), un agente secreto que trabaja para los aliados con el objeto de eliminar a los altos cargos del Tercer Reich. También Shosanna Dreyfus tratará de vengar a su familia con un plan urdido en su precioso cine.
El film contiene escenas brillantes, con un hilarante matiz “tarantiniano” y un guión excelente. La banda sonora es también preciosa, de la mano de Lalo Schifrin, Ennio Morricone, Dimitri Tiomkin, Charles Bernstein y Elmer Bernstein, entre otros. El principio de la película conjuga una composición de Morricone con Beethoven, auspiciando la llegada de los nazis a una pequeña finca donde se oculta una familia de judíos. También se pueden extraer bellas postales de la película, como la del campesino que corta leña al principio del film; o la de Shosanna Dreyfus observando el cine donde perpetrará su venganza.
Por otro lado, resulta inolvidable la escena donde se reúnen algunos de los “bastardos” con la actriz alemana aliada, en un pequeño bar plagado de nazis, que acabará con una contienda al más puro estilo ‘Kill Bill’. Los ágiles diálogos recuerdan al primer film del director de Tennessee, ‘Reservoir Dogs’ (1992), una película “plagada de diálogos inolvidables e interpretaciones estupendas”, como apunta ‘1001 películas que hay que ver antes de morir’.
Las interpretaciones en ‘Malditos bastardos’ también son estupendas. Sobre todo Mélanie Laurent, ganadora del premio César a la mejor actriz revelación en 2006; y Cristoph Waltz, que se llevó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes precisamente por esta película. Waltz, como Brad Pitt, realiza una interpretación algo histriónica, pero muy buena.
A pesar de durar 153 minutos (dos horas y media), ‘Malditos bastardos’ se pasa volando. Muy recomendable.
Tráiler de ‘Malditos bastardos’

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